Todo lo que somos - Reflexiones diarias por Alex Quaranta
Convertirnos en TODO lo que SOMOS requiere una enorme inversión. De hecho, implica invertir todo nuestro patrimonio -psicoemocional y espiritual, inclusive- a fin de garantizar que la verdadera individualidad, el SER ÍNTEGRO al que hemos sido destinados, acontezca, aparezca, viva plenamente. Pero, les tengo noticias. Intentar -vanamente- convertirnos en QUIENES NO SOMOS implica aún mayores esfuerzos, nos llevará todo aquel patrimonio personal -no ya como inversión, sino como dilapidación- y aún exigirá asumir deudas en cuotas vitales, durante el tiempo de nuestra existencia. Qué pena. No lo permitamos. AQ.
A ti...
Soledad, propiedad...
El Número 43 - Por Alex Quaranta
Para los que preguntaron sobre el significado mitológico que encierra el Nro. 43, aquí va una breve idea. Recordemos que los mitos son atemporales, y por lo tanto, su vigencia es plena; ciertamente, son arquetipos que nos habitan desde siempre y que, eventualmente, pueden tomar vida en nosotros, por tramos, momentáneamente. El número "3" siempre indica una expansión y el "4" una puerta que se abre, una nueva estructura, si se quiere. Esto es, expansión hacia una nueva forma.
En el 43, recordamos la Boda de Psique y Eros, el inicio de su vínculo como esposos; pero, de ninguna manera es el cierre de una historia, sino el despertar de nuevas disposiciones y aventuras. Es el comienzo de una etapa de enamoramiento, de belleza, de alegrías, de "felicidad". No obstante, Psique acepta casarse con alguien (Eros) a quien no puede ver (esa es una de las cláusulas del "contrato"); Eros continúa a sus espaldas, y la visita de noche. La historia derivará en momentos de incertidumbre, y habrá una instancia de quiebre, lo que humanamente llamamos una "traición". ¿Pero hasta que punto traicionamos a "nuestra pareja" cuando, en realidad, vivimos un "pacto" que sólo nos viene permitiendo conocer al otro parcialmente? ¿No será que en esas ocasiones nos estamos "traicionando" a nosotros mismos? Y esto último es lo que, ciertamente, nunca debería ocurrir. La vida, naturalmente, nos invita a "desatar" lo que está "atado" para volver a tejer la historia. Los dejo pensando. Buena semana. Alex Q.
Los días de lluvia
El Albañil - Por Alex Quaranta
Hace unos días, lo observaba... y me observaba. Me devolvía la mirada, de a ratitos, como adivinando mi curiosidad por él. Desde mi terraza, mis ojos perforaban su belleza casi exótica, pero muy argentina. No nos asustamos. Sentí más oxígeno circulando en mi sistema. No quité la vista de su cuerpo, aunque me alejé de sus pequeños ojos por unos instantes. No mediaba gran distancia entre nosotros. En realidad, quedé impregnado de su hacer, no tanto de su forma. Me enamoré de su osadía, de esa persistencia tan suya. Quedé prendado de su hábito, de su trabajo... No me avergüenza decir que el sujeto de mi querer es un albañil. Una suerte de constructor, quizá. Pero, creo que no es amor del carnal, no. No lo incluye, me di cuenta de eso, claro. Pero, aún así, sentí la energía del amor, y una tristeza leve, que adivino ustedes ya están comprendiendo. De momento, se retiraba, salía de la casa objeto de su construcción, y al tiempo regresaba. Yo también me retiraba, para reunirme con mis quehaceres. Y luego, volvía, para espiar su actividad; sin sudores, sin fatiga, pero inquietantemente apresurada y determinada. Mañana, me asomaré nuevamente para observarlo. Y sentiré admiración por él, y una franca amargura porque los dos pertenecemos a mundos diferentes, de alguna manera... Sí... Mañana, volveré a espiar a ese hornerito, de alas color ladrillo, que eligió el poste de teléfono para levantar su hogar, de barro y paja.
El Saludo Pascual - Por Alex Quaranta
Aunque a menudo protesto por las travesuras de mis canes -hembras todas- y no puedo soslayar las incomodidades que me producen algunos eventos que provocan, ahora resaltaré un hecho diferente. Un acontecimiento no habitual. No obstante, siempre oportuno, como elegido para la ocasión, para el tiempo histórico, para el estado anímico de mi ser.
Atravieso la habitación, rumbo a la ventana, para bajar la persiana que ya no deja colarse a ese tibio sol de otoño. Dieron las ocho hace algunos minutos. Giro mi cabeza y sobre la cama que hoy no fue hecha, precisamente sobre las sábanas medio arrugadas por mi cuerpo que las abandonó de mañana, observo una hojita ocre, una hojita que pertenece al pequeño árbol que aún vive en el balcón. Nuestro arbolito, el que nos acompañó en toda nuestra travesía, cuando juntos viajábamos en el buque del amor. De pronto, siento que de esa hojita cuasi seca, de un amarillo perdido y de todo un marrón de consuelos y plegarias, brota un saludo. Alguna de ellas, alguna de las tres -presumo quién- ha dejado un recado, un mensaje, una invitación a renacer, en las vísperas de la Resurrección. Alguna de ellas ha llevado hasta mi lecho esta hojita ocre como un mensaje de Felices Pascuas, de Feliz Pasaje... La dejo allí. Permito que ese trocito de naturaleza impregne el lienzo con su esencia que, aun muriendo para el mundo, va transformándose en lo que siempre ha sido: Vida. Entonces, doy gracias porque recuerdo que el amor se manifiesta de maneras insospechadas para que demos testimonio de la Gracia Abundante de la Creación. Porque el amor se deja ver por medio de estos seres hermosos que me acompañan y me asisten con su presencia cada día. Y de pronto, un relámpago de entendimiento me advierte: "...¿A Quién buscáis entre los muertos? Aquel a Quien buscáis, Él no yace aquí. Él vive con Vida Abundante..." Y afirmo, SÓLO HAY VIDA. Y todo está bien.
Abril de 2011 - Desde una perspectiva simbólica
Según mis estudios, nos ubicamos en la Fase XIII (13º) del Camino del Héroe. Nosotros somos ese Héroe: él, ella, vos y yo. Todos recorriendo un camino de aprendizaje y crecimiento, enhebrados en una compleja red de conciencia, no obstante, cada uno con su individual trayectoria, inmaculada, magnífica, única e irrepetible.
Ahora bien, durante este mes -ABRIL- nos vendrá bien recordar que la vida es más que un "mapa de creencias". La vida es un territorio de exploración. Coincidentemente con este simbolismo, la Cristiandad celebrará -en breve- el Pasaje de una dimensión de conciencia a la otra, a través de la Fiesta más sublime y cara a su fe. No obstante, si no podemos discernir la diferencia entre el mapa de nuestro viaje y el viaje en sí, seguiremos "volando" a través del "National Geographic Channel" y nos perderemos de experimentar la profundidad de la Vida-que-vale-la-pena-ser-vivida. Esta es la metáfora de este mes de abril: salir de la creencia hacia la plenitud de la vivencia. Podríamos decirlo así, entonces: "EL PASAJE DE LA CREENCIA A LA VIVENCIA". Estamos "llenos" de creencias. Yo creo en... Tú crees en... Alguna vez explicaba a mis alumnos que los verbos CREER y CREAR se conjugan de igual manera en la primera persona del presente del indicativo: YO CREO (en Dios, en un futuro mejor, en angelitos, en nada), YO CREO (mi mundo, mis experiencias, con mis manos, con mi pensamiento). Los invito -y me invito- a repensar en CREENCIAS y CREACIONES como la paradoja a resignificar en este MES DE TRANSFORMACIÓN. Con un abrazo. AQ.
Alumbramiento
Del Otro Lado de la Vida
Cuando hacemos el amor - Por Alex Quaranta
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Me gusta que me hables cuando hacemos el amor. De cosas picantes, transgresoras, atrevidas, inventadas, de mentiras, de verdades, de juego, de placer. Que me susurres que te encanta, que te encanto, que te gusta, que te gusto. Que me digas que soy bueno en las cosas del querer. Que me toques, que me quemes, que estés tibio y disparado al sentir mis manos tu cuerpo arrebatado.
Me gusta que me beses en cadena y espiral. Sin principio y sin final, secuencia de mieles y asombro. Y, al descansar en tu hombro, mi rostro empapado y loco, se cierren mis ojos, tus ojos, hasta el nuevo amanecer. (AQ)
VIAJANDO - Por Alex Quaranta
Mis viajes a Ciudad Autónoma de Buenos Aires siempre tienen ese “qué sé yo, viste?”.
Aunque se entiende que juego de local en esta inconfundible metrópoli , no siempre parece ser así; por lo menos no lo es ante algunos ojos que me observan y oídos que me escuchan.
Y pensar que esta ciudad me vio crecer, entre las inolvidables escenas de Los Aristogatos o del tierno Bambi, proyectadas en aquel tradicional cine Los Ángeles. Lo que quiero expresar es que, aún cuando esta cosmopolita urbe haya atendido y satisfecho las primeras curiosidades de un niño versátil como yo, hoy día me siento un turista de los tantos que pasean por sus callecitas, calles y avenidas.
Para dejar probado lo que afirmo, narraré la secuencia de un día cualquiera en esta maravillosa y única ciudad de los cien barrios. Un día que bien podría ser la jornada de hoy.
Mediodía, transitando a pie la avenida Corrientes. Unos ojos oscuros como el carbón se fijan en los míos y la voz se escurre como lo hace el agua de un grifo roto: “Girls, girls, girls, my friend”.
Al instante, advierto –y para ello no hace falta mucha universidad- que el “amigo” me ha visto cara de turista, y más allá de su inglés que resiste todo análisis porque es su medio de vida y punto, también sus neuronas le han informado que no sólo soy turista sino que, además, soy heterosexual.
Dos tiros, ningún acierto. Por supuesto, la cortesía es lo primero, y aún en las ofertas de sexo al paso, hay que ser caballero y gentil. Por lo tanto, respondo, como queriendo cerrar de una vez y para siempre ese grifo abierto: “No, thanks”.
Seguidamente, librería. Me recibe una dama, muy de barrio norte, mona, perfumada, y me despacha súbitamente, como lo hacían esas máquinas del correo central que detectaban al instante hacia dónde debía ser dirigido el grueso paquete de cartas que iban llegando; y, entonces, me dice: “el señor lo está atendiendo. Perdón. El señor lo va a atender”. Bueno –pensé-, veremos entonces.
El señor resultó ser un joven de no más de 30 años, que se las ingenió bastante bien para sacarme dirección de correo electrónico y un celular de contacto. Se lo ofrecí porque uno nunca sabe qué libro habrá que leer la próxima semana, cuando en la biblioteca privada ya no queden más volúmenes que provean de una sana lectura.
En algún momento de la corta charla me pregunta, casi convencido: “¿Vos no sos de acá, no es cierto?” Mi respuesta: “Sí, ¿por qué?” Remate: “Tenés un acento que no es de Buenos Aires”.
En fin, explicar que se me perdieron algunas bujías del español nativo después de tanto aprendizaje de lenguas variadas puede resultar de cierta densidad, así que, lo dejo ahí. De todas formas, ya estoy acostumbrado a “no ser de aquí, ni ser de allá”. Informo que hablo habitualmente otros idiomas.
Que no soy tan “típico” o “tipificable” se lo dejo a su gusto, por si tiene ganas de descubrirme.
A continuación, almuerzo. Escucho inglés a doquier. El mozo también vocifera algunas palabras en inglés. Unos ojos azules me miran de vez en cuando. Pertenecen a una dama sexagenaria, bella a su manera, con algunas marcadas líneas rosáceas en el rostro, a quien puedo observar a corta distancia.
Termino mi almuerzo. De tanto en tanto, sus ojos y una sonrisa se posan en mi aura. Después de pedir su “fruit salad” –versión para llevar- ya que ella no la comió y su esposo sí lo hizo, se levantó y antes de dirigirse a la puerta de salida, dio media vuelta y me endulzó con sus palabras, tan amables, como la de la mayoría de los viejitos del país del norte, a quien muchas veces tuve el gusto de tratar de cerca: “Are you also in this tour?” (¿Usted también está en esta excursión?). Le explico que soy de Buenos Aires, la saludo con un “enjoy your stay” (disfrute de su estadía), y ahora su radiante sonrisa de despedida me cambia el humor para que, en la tarde, se disipen las nubes de mi cielo interno, las que me acompañan desde hace ya mucho tiempo. Tendré cielo despejado por un buen rato. Qué bueno.
Sí, señora, yo también estoy en esta excursión. Y aún cuando he perdido parte del equipaje, viajando, me recuerdo que todos somos peregrinos en esta Tierra que no dejará de sorprendernos con sus colores, sus olores, sus sabores, su magia, su belleza, su gente. Gente tan diversa, tan hermosa, tan dispersa. Seguramente no volveré a ver a esta señora de la sonrisa espontánea, pero en “este viaje” nuestras coordenadas se encontraron para hacer de hoy, 7 de febrero de 2011, un día más intensamente humano y glorioso. Thank You, God. Perdón. Gracias, Dios. Alex Quaranta.
Las Metáforas de 2011 - Febrero - Por Alex Quaranta
Buenas tardes, Amigos de Simbolizando la Vida.
Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
Al inicio del año, comentamos que 2011 llegó para contarnos la metáfora de LA NUTRICIÓN. Este ciclo anual ha comenzado a impregnarse de la idea de que podemos alimentarnos pensando en nutrirnos, que es "ir un poco más allá" de la mera alimentación.
Y, ciertamente, no sólo estamos refiriéndonos al aspecto físico de la nutrición, sino también a los aspectos atinentes a nuestra alimentación psicoemocional y espiritual.
En 2011, se nos presenta claramente la oportunidad de preguntarnos: ¿Qué estoy comiendo? Lo que estoy ingiriendo, ¿me nutre realmente? ¿Qué estoy pensando? ¿Qué ideas albergo en mi mente? ¿Estos pensamientos e ideas aportan a mi crecimiento y evolución? ¿Cuánto dedico a proporcionarme energía espiritual a fin de nutrir mi vida, en todos sus aspectos?
En fin. Es un año que nos conduce por el camino del pensarnos como seres que digerimos en muchos niveles aquello que tomamos como alimento para nuestros cuerpos: físico, emocional, mental, espiritual.
En enero, muchos pudimos ser testigos -si estuvimos atentos- de la CAÍDA EN PICADA de muchos esquemas mentales y emocionales, incluso algunas relaciones y vínculos que ya no estaban de acuerdo con nuestro sistema de creencias y que tampoco aportaban a nuestro crecimiento o evolución. Hemos visto el DERRUMBE de estas edificaciones inconsistentes, que, por mucho tiempo talvez, sostuvimos como válidas y a las que dimos nuestra atención y que, en consecuencia, consumieron nuestra energía, nuestro tiempo.
Quizás hayamos derramado algunas lágrimas en enero por aquellos castillos de arena que la marea alta se encargaba de devolver al mar.
En febrero, la idea a reafirmar es la siguiente: MENOS ES MÁS. Siempre en el contexto de NUTRIRNOS BIEN, que es el escenario de 2011.
Esto podría parafrasearse diciendo que no siempre la cantidad es lo importante, sino que la calidad es lo que deberíamos observar con atención. A veces, menos es más. Sinceramente, menos palabras, más silencio, resultan en más quietud y tranquilidad interior. Menos actividades, es más energía para dedicarnos a mirarnos un poco más de cerca. Menos pensamientos e inquietudes, menos preocupaciones, es más ocupación real en aquello que merece nuestro tiempo y nuestro accionar. RESTAR es también parte de una ecuación vital, donde MENOS y MÁS se alistan para contribuir a nuestra evolución, para llevarnos por un camino de equilibrio, libres para dar la bienvenida a los nuevos tiempos que esperan bendecirnos.
¡Qué estén bien! Alex Quaranta.-
ACTOS HOMOFÓBICOS SOLAPADOS - Por Alex Quaranta
Los actos homofóbicos solapados también deberían ser denunciados. A mi edad, decido no tolerar ninguna idiotez. Soy un tipo honesto y nunca necesité de una mujer para mostrar quién no soy. Nunca presenté una novia ni tuve que engañar a ninguna señorita para exponerme ante la sociedad como "el hombre que a todos les gustaría ver".
Estoy en situación de duelo después de una convivencia de 15 años con la persona que amé y me amó. Y nunca me manifesté como un "ambiguo", porque no estaba en mis entrañas la malversación de mi identidad real. Ni tampoco tuve que salir con una pancarta anunciándome porque no me parecía importante, sólo una cuestión de mi vida privada.
Es casi increíble que en el año 2011 todavía se hable de "preferencias", inclinaciones, gustos, de una manera despectiva, como quien hablara del sabor de un helado, de chocolate o de vainilla. Una irreverencia y una falta de respeto total por la plena libertad de un ser humano. Máxime, en un país como Argentina, que el pasado 14 de julio aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario. Todavía hay ignorancia respecto a que una persona puede eligir su orientación sexual, su esencial deseo de intimar y amar en una relación de adultos. Alguna vez escribí al respecto (hay una nota escrita por mí) para que los padres de chicos que están en situación de ser discriminados pudieran tomar debida cuenta de ello. NO HAY ELECCIÓN. Sólo se elige vivir o no vivir quién uno es en realidad. Eso se elige, nada más.
Todavía se escucha de "cambios" en los gustos o preferencias. Como si la sexualidad se tratara de una mercancía, una prenda en un mercado de baratijas.
Nunca escuché disparates, expresiones tan desacertadas, inclusive de profesionales, de gente versada.
Pero detrás de algunas personas hay pensamientos que no se dicen, se retienen, y están en el límite de la homofobia. Y algunas estrellas que se juegan el premio de "cambiar" a una persona homosexual porque son las mujeres/hombres indicados para cumplir esa misión. Una intromisión a la vida íntima de las más vulgares. Pero, gracias a Dios, todo sale a la luz alguna vez.
Preservemos nuestra intimidad que es lo más preciado que tenemos. No dentro de un placard. Sino dentro de los límites de nuestra tolerancia y el respeto por nosotros mismos y por los otros.
CONSUMATUM EST - Por Alex Quaranta
"...A la hora tres de esa tarde, cerré mis párpados. Dije las palabras correctas para que la "Máquina del Tiempo" me abriera sus puertas. La dejé hacer, aunque esta vez, un tanto temeroso. Uno nunca sabe hacia dónde va y si regresará del mágico periplo. Entonces, después de un breve colapso de centellas, abrí mis ojos y Lo vi, pendiendo del Madero. Yo, ahora de rodillas. El cielo de abril, tiñiéndose del negro más cerrado que jamás haya visto. Al instante, alcé mis ojos en dirección a Su rostro de imperturbable belleza, -y, en medio de la tristeza más descolorida que profanaba las delicias de los aromas del almizcle y la mirra en ese Gólgota de huesos roídos por el dolor-, pronuncié en Su lengua, la palabra que convierte la Vida en milagro: "SHLOMO". Caía la última sílaba de mis labios cuando Su mirada de profunda luz azul buscó la mía, y sin mediar sonido, mi corazón recibió, con la intensidad de un rayo, la Paz que añoraba, esa Paz que sobrepasa todo entendimiento. "La Máquina" volvía a pedirme que cerrara mis ojos. El cielo se desplomaba, mientras al partir, podía escuchar a un coro de cien mil ángeles, todos cantando al unísono: consumatum est-..." (AQ)
NO ME OLVIDES, por Alex Quaranta
El siguiente poema, realmente, no es tal. Aconteció en una primavera temprana, probablemente a principios de setiembre de 1987, cuando por alguna razón desconocida –y contra mi voluntad, por así decirlo- fui arrebatado hacia un jardín vecino donde, con sorpresa, mis oídos sintonizaron el monólogo que proferían las “no me olvides”, desde un cantero pintado de amarillo oro. Mis ojos podían observarlas, y también al rosal y sus rosas rojas, en un costado. La tierra se abría a mis pies, reseca, escasamente trabajada, infértil, desgarrada por las palabras de las despechadas, que eran muchas, y hablaban como una.
“NO ME OLVIDES” por Alex Quaranta
¿Por qué me pides te quiera, puñado de tierra,
en el que tan solo germina una flor?
Si después de amarte, en silencio besarte,
quitas mi semilla de tu corazón.
¿Por qué, duro suelo, por ti yo me muero
y miras mi sangre tu cuerpo regar?
Si es mi locura tan cruel, tan oscura
la que te devuelve la fertilidad.
¿Por qué no me ayudas, pantano de dudas,
del jardín maldito a arrancar mi dolor?
Y dejas que crezca, mis flores florezcan,
perfumen tu campo, te entreguen su olor.
Yo sé que te place la flor que en ti nace.
Sé que sólo a ella le ofreces tu sal;
Y por ella vives, con ella revives,
Y eres para ella como arena al mar.
Pero me condenas; tu tierra envenenas
con gotas muy dulces; confundo el sabor.
Y bebo del agua que a mí me destruye
y a tu rosa roja le infunde color.
Ya que no soy tuya, y logras que huya,
buscaré aquel suelo que me haga brotar.
Mi raíz, mi tallo, cáliz y corola,
mis pétalos todos, resplandecerán.
Y cuando mis flores, de hermosos colores,
desplieguen sus alas, saluden al sol,
tú, tierra de nadie, dirás a tu rosa:
“Yo la quiero a ella, porque ella me amó”.
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Alfombra de espinas, de un rosal en ruina.
Si no lo mereces, ¿por qué perdonar?
Tu rosa está triste, tú la destruiste.
Aún no lo sabes: no me has de olvidar.
Yo soy “no me olvides”, la que a gritos pides.
A ti quise darte, entonces, mi amor.
En mí tú gozaste, tú me despojaste.
No vuelvas ahora, no pidas perdón.
Yo sé qué te pasa: está sola tu casa.
¿Querrías tenerme? ¿Olvidarme, quizá?
No pidas a Dios lo que Él no ha de darte,
Porque aunque lo quieras, ¡No me olvidarás!
SI ALGÚN DÍA TE FALTARA: La miel y la hiel por Alex Quaranta
-Chucho, si algún día yo no estoy, vos tenés que pasarla bien.
-¿De qué me hablás?
-Decía, si algún día yo no estuviera, vos no tendrías que quedarte solo.
-¿Vos pensás que estar al lado de alguien es una cuestión menor? Pero ni loco… Una cosa es una cosa, pero el amor, el compartir una vida…
Silencio de caminata con perfume a misterios de un futuro imperceptible. Deduzco que debe estar atrapado en alguna nube de pensamientos que no llueven. Y bueno, hoy caen chaparrones aislados. Pasarla bien. ¿Qué me habrá querido decir? Diversión, seguramente. Para alejar el fastidio del aburrimiento. Pero, ¿la ausencia del amor puede aburrir? No, definitivamente, no está en sus cabales. O quizás, sí. Ni quiero pensar en su falta. Ahora, unos mates, una porción de torta y la alegría de algunas complicidades recientes: las miradas que se cruzan en el supermercado mientras elegimos salsa “alla bolognesa” o “alla scarparo”; la cajera que nos adora y nos saluda con su “hola, chicos”; las viejitas de la cuadra que se mecen hacia delante, a nuestro paso, en gesto de “cómo les va, tanto tiempo”, con ese amor de abuelas que han aprendido que la vida es riqueza en comprensión y respeto por el camino del prójimo.
Ahora, de repente, como si hubiera sido trasladado a otro paisaje, una mosca me zumba en el oído derecho. No. No es una mosca. Es una abeja. Dorada. No va a picarme hoy. Lo hará otro día. O puede que no lo haga. Pero volverá. Quizás me traiga mieles de cardos. Sí, eso me está informando. Inexplicablemente, entiendo lo que me dice. No me clavará su aguijón so pena de perder su vida en el intento. Sólo me traerá mieles cuando nada pueda endulzar mi vida. Mieles de cardos. Eso me dice. Cuando ya nada pueda endulzar mi vida. ¡Qué lenguaje extraño el de este insecto laborioso! Suena a latín, italiano, me parece. No lo es, pero suena como si lo fuera. Dulce, dulce, musical, musical. De golpe, miro sus ojos. Son de un rojo sangre, intenso. Veo que arroja una lágrima, pequeñísima, que se agiganta como una bola, no obstante ovalada, que al caer, tiñe de rojo su cuerpecito de delicada y diminuta estructura. Y la pierdo de vista. Me digo: las abejas no lloran. Pero ésta, ésta si lloraba. Y lloraba lágrimas de sangre, gigantescas lágrimas.
Como atraído por una energía desconocida, estoy de regreso en la cocina. En mi mano, la lata de tomate, de salsa. Abierta y su contenido ya vertido en una cacerola. Todo rojo. Rojo sangre. Tomates del tipo “perita”, nada más. Ovalados tomates. Pero todo es rojo, como si una hemorragia de dudas se hubiera extendido por las paredes para pintarlas cual carteles que anunciaran un peligro inminente.
Y lo impacto nuevamente con mi pregunta, como el principito de Saint Exupéry, incesante en su búsqueda de respuestas:
-¿Por qué me dijiste lo de “pasarla bien”?
-Se me ocurrió, no sé. Porque dicen que el duelo por la muerte de la pareja es muy difícil.
-¿Ah, sí? Bueno, debe ser. Será así, será así nomás.
¡Qué raro está! Lo que me faltaba. Años para atravesar un duelo y ahora esta idea peregrina de otra pérdida. Sin embargo, hablar de estas cosas en un contexto de “todo está bien” es hasta reconfortante. Porque decimos lo que decimos, pero estamos presentes, nos vemos, nos tocamos, nos escuchamos, nos sentimos, nos reímos, y volvemos a reírnos de nuestras ocurrencias. Sí, es reconfortante. Como esa pequeña malicia que tuvimos, cuando niños, al ver la triste escena de un huérfano que llora la ausencia de sus padres, y nosotros gozándonos de estar al amparo de los nuestros, presentes, muy presentes. ¿Qué importa el huérfano que llora sino para resaltar la buena fortuna de contar con nuestros padres? Lo mismo con su idea. Es una conjetura. Estamos juntos, podemos hablar de cualquier cosa y aún reírnos de esos desatinos porque no son más que tonteras, simplemente nada.
El sol del ocaso golpea la ventana de la cocina, casi al punto de derribarla. Me acerco, angustiado. Apoyo sobre la mesa a mi compañero, mi mate, con el que había estado dialogando sobre poesía y música, de acordes sombríos. Y, entonces, la vuelvo a ver. La reconozco. Es ella. Abro la ventana de par en par, porque su cuerpo no podrá pasar si no lo hago. Dorada, con tonos rojizos. Hermosa, perfumada. Me mira y me saluda así: “Amor et melle et felle est fecundissimus”. Mis oídos atienden y entienden lo que escuchan: “El amor es fecundísimo en miel y en hiel”. Lo dijo, sí, lo dijo. Y, sin advertirlo conscientemente, mis manos se extienden para recibir dos gotas, enormes, ambas doradas, una con algunas tonalidades de verde oliva.
Sobre mi derecha, cae la de miel. Sobre mi izquierda, cae la de hiel. Antes de retirarse, me mira a través de sus ojos rojos y bellos. El izquierdo, suelta una lágrima, también roja. El derecho, lo guiña, en un gesto de complicidad. Finalmente, en un español casi académico que logra impregnar todo el cuarto, me sentencia: “usa de la gota que desees, pero debes elegir: te endulzas o te amargas. Es miel de cardos, de los más hermosos que pude libar para ti, para transformar espinas en dulzuras. La hiel es de las más amargas, la extraje de tu alma en soledad. Recuerda, es siempre tu elección la que cuenta”.
Ahora, mi palma derecha dejaría caer una gota del fluido dorado sobre la yerba. Sería suficiente por el momento. Me animaría a cebar ese mate con lágrimas cálidas, sentidas, también de gozo, a la temperatura de mi corazón. Y en ese instante de ausencias y presencias comprendería que nunca se está verdaderamente solo si se sabe, si se puede, elegir entre hieles y mieles.
La Carretera del Asombro
"La ruta más segura es la del Silencio. Se toma por la carretera de la Nada, al costado del camino del Buen Intento. Nunca ha de girarse a la izquierda, porque el asfalto se torna en lodazal, y el vehículo se estancará tanto cuanto el lodo tarde en secarse. El giro a derecha es siempre prudente. Aunque el pedregullo será de inevitable encuentro. Aminorar la marcha es el consejo. De repente, las piedras nos harán saber de la fauna que se esconde entre ellas. Entonces, una lagartija multicolor se asomará para el saludo. Y el primer sonido será nuestro pequeño grito de asombro y alegría por la vida". (Alex Quaranta)
2011