Blogia

Simbholos® Simbolizando la Vida ®

Instantáneas, de Alex Quaranta

Instantáneas, de Alex Quaranta

Un año fuera del Tiempo. El invierno se encargó de sofocar toda brizna que apuraba su alumbramiento en el jardín de mi existencia. Como en un intento por guarecerse de las nevadas más crueles, las raíces del Árbol de la Vida, llamaron a un concilio, y decidieron de manera unánime, hundirse hasta lo más profundo de mi tierra para encontrar las nutrientes que la nueva primavera, ciertamente, sabrá aprovechar. (AQ - 13/12/2010)

16/12/2010 * 16+12+2+0+1+0=31/4 El "rayo de la súbita comprensión" nos impacta y comenzamos a entender la metáfora de la vida: crecemos desde el pie, en contacto con lo firme, lo que nos apoya. No crecemos desde la cabeza. Desde ésta nos soltamos, nos lanzarnos hacia lo nuevo, liberando los vestigios mentales; así permitimos que la  Vida vuelva a sorprendernos, en un ciclo de misteriosos cierres y aperturas. (AQ)

La Energía del Amor: para quienes están enamorados y para aquellos -que sin estarlo aún- anhelamos la más poderosa de las experiencias de transformación personal; la herramienta más vital y la que aporta mayor crecimiento y evolución a las almas involucradas. Como quiera que esta energía se viva y exprese entre adultos libres y conscientes, el aroma del amor es la esencia más sublime, el perfume más preciado en el Jardín del Edén (AQ)
✬••••❤••••✬ Apenas iniciado el 2011, un Ángel que atravesó mares correntosos, y cuyas alas no pudieron ser replegadas por los vientos, se sentó al borde de mi lecho y me habló en inglés, diciéndome: "Love is the fuel to our lives" (el Amor es el combustible de nuestras vidas). Luego, me besó con un beso inolvidable y me sentenció a caminar mi sendero sin detener el paso, por los próximos 365 dias... (AQ)


"El engaño malversa energía inteligente para llevar a cabo sus propósitos siniestros; pero a menudo, en su sinuoso camino, se topa con la razón que utiliza la misma energía para echar luz sobre el ardid de los poseídos por el encanto de lo turbio. Y la razón triunfa cuando no busca la venganza, sólo la justicia." (Alex Quaranta).

"Deceit misappropriates the energy of intelligence to carry out its sinister purposes. Nevertheless, flowing along its winding road, it meets with the causative force of reason that uses the same energy to shed light on the scheme of those possessed by the charm of murky affairs. Ultimately, reason triumphs if revenge is not sought after but plain justice." (Alex Quaranta).

"La mirarás y evitarás tocarla. Si quieres, la admiras. Es decir, te adhieres a ella con tu mirada. Simplemente. Entonces, te impregnarás de su rosada esencia y el alquímico milagro tendrá lugar. La antigua espina otrora clavada en tu pecho será devuelta al cacto y, de él, otra exótica flor brotará abriéndose en gratitud sólo para ti". (Alex Quaranta)


Diciembre y los cierres - por Alex Quaranta

Una reflexión desde el simbolismo de números

Que diciembre es un mes paradojal, ciertamente no es novedad.  Desde los altibajos emocionales, el recuento de familiares y amigos que no estarán presentes en las celebraciones decembrinas, hasta los infaltables balances comerciales y personales, -con insalvables errores en el debe y el haber-, estamos, sin lugar a dudas, ante el rodaje de la “crónica de un agotamiento anunciado”.  Obviamente, sin olvidarnos de las llamadas telefónicas inesperadas, los saludos casuales, callejeros y devaluados, las compras, gastos imprevistos, niños, adolescentes y adultos alterados, crudos inviernos  septentrionales, e insoportables estíos en el hemisferio sur; y, por supuesto, los más improvisados rituales seudoespirituales para alcanzar algún prodigio de último momento; todo este viaje de fin de año con tormentosas escalas en los aeropuertos de las nostalgias de una niñez perdida y la estación aeroespacial de “aquéllas sí que eran navidades”, y finalmente, con aterrizaje forzoso en la resbaladiza pista de los  infortunios del año que se cierra, con la torre de control advirtiéndonos –cuándo no- sobre las insospechadas amenazas del almanaque a estrenar.

Ahora bien.  ¿Qué podemos decir desde el espacio simbólico en relación al número 12? Seguramente, podríamos dedicarle un libro, pero esa no es la intención de este escrito.  En principio, diremos que en la secuencia que va desde la unidad (1) al 12, éste número, vendría siendo el cierre o cambio de un esquema a otro.  Esto lo vemos fácilmente en el día a día, cuando a la hora 12 (del mediodía) lo que, hasta ese momento llamábamos mañana pasa a denominarse tarde.  Hay un cambio, una transición.   En el viaje arquetípico del Héroe, el “momento doce” es el de una “inversión”, un “darse vuelta”, para llevar “sangre a la cabeza” y meditar sobre las cuestiones que ameritan ordenarse, reestructurarse, evaluarse para un nuevo orden, en todo caso.  El Héroe de este viaje (cada uno de nosotros), en la duodécima instancia, “pende”, “está colgado”, y sus piernas (mirando hacia el cielo) dibujan un 4; claro está, porque después del 12 (que es también un tres, ya que 1+2=3) vendrá el 4, y habrá que preparar el terreno para ese advenimiento.  Y ese 4 mira hacia el cielo, porque la esperanza es la de un orden supeditado a lo divino, a lo universal, a una entidad mayor a nosotros, y a la vez, comprensiva e inclusiva.

Pero hasta ahora no hemos podido hablar de UN CIERRE propiamente dicho en relación al número 12.  Y, en verdad, desde lo simbólico, mucho me temo que no podremos mencionar tal cosa. El caso es que, tanta inquietud y tanto movimiento interior, tiene algo que ver con esta paradoja del 12 en nuestro calendario gregoriano.  Por lo menos, desde las consideraciones de este estudio, que no pretende ser más que una exploración reflexiva. 

Digo esto, porque el 12, como referente del 3, es un símbolo de EXPANSIÓN, no de retracción o cierre; es símbolo de crecimiento, de apertura, y de PARTO.  Si el canal de parto no se abre, si ese túnel no se dilata, el niño no verá la luz de este mundo.  El 3 nos recuerda un alumbramiento, y de hecho, los cristianos conmemoramos el Nacimiento de nacimientos en este mes.  En un parto algo también se parte (como en la hora doce, el día se parte en dos).  En ese parto hay alegría; no obstante, hay dolor físico, hay llanto por ese ambiente cálido, húmedo y contenedor que se está abandonando por otro muy distinto (y desconocido aún) y que requerirá de pulmones funcionando.  Esta contradicción de lo expansivo y el cierre de un ciclo es, desde mi modesta visión, lo que nos pone, cuando menos, un poco ansiosos e inestables.

Por ello, la propuesta de este texto es hacernos conscientes de esta paradoja y minimizar las molestias que conviven con nuestros pensamientos y emociones durante este mes de festejos.  El 12, cuando menos, es una apertura hacia un nuevo orden, la instancia en que recibimos (2=recepción) a nuestro nuevo yo (1) –leído de derecha a izquierda-, y nos abrimos a una nueva vida.  Como si naciéramos a esa oportunidad única que nos aguarda, potencialmente aptos, y con todas las posibilidades para crecer (como las de un bebé que llega al mundo).

Así que, no nos preocupemos por un cierre.  Lo que es natural, es un cambio, necesario, para que la nueva vida tenga lugar. 

Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto. (Isaías 11:1) 

 

Simbolismo de números en los Diez Mandamientos (1ra. parte)

 

He denominado a esta SERIE SIMBÓLICA
"UN VIAJE ARQUETÍPICO POR LOS 10 MANDAMIENTOS".

Este trabajo está basado en un curso introductorio que he ofrecido hace algunos años y que tiene por objetivo "resignificar, comprender e integrar" algunos de nuestros 
mandatos interiores a la luz de los 10 Mandamientos, según el libro de Éxodo, Capítulo 20 (A.T.).


UNO * PRIMER MANDAMIENTO

YO SOY EL DIOS DE ISRAEL. YO LOS SAQUÉ DE EGIPTO, DONDE ERAN ESCLAVOS. NO TENGAN OTROS DIOSES APARTE DE MÍ.

... Dios no tiene otras manos que las nuestras. SOMOS UNO con el Creador, somos UNO con el 
fluir de la Vida, y estamos aquí para sentirnos conectados al Principio dador y benefactor.
Así podemos afirmar: SOY LA ACTIVIDAD DE DIOS EXPRESÁNDOSE COMO “YO MISMO”.


DOS * SEGUNDO MANDAMIENTO 

“NO HAGAN ÍDOLOS NI IMÁGENES DE NADA QUE ESTÉ EN EL CIELO, EN LA TIERRA O
EN LO PROFUNDO DEL MAR..."
Hay imágenes, ideas, pensamientos, conceptos grabados 
en nuestro subconsciente que no están alineados con nuestra verdadera esencia. Vale decir, que no nos corresponden o no se corresponden con quienes somos en realidad.
Esas imágenes, ideas y pensamientos quizás hayan sido aceptados por nosotros cuando nuestras “barreras de conciencia” no estaban trabajando correctamente (porque no estábamos conscientes, es decir, no habitábamos el “presente”), y allí quedaron como materia prima que da nacimiento, muchas veces, a hechos y eventos no deseables en nuestra vida...Esta es una invitación a despejar nuestro cielo (pensamientos) y aclarar nuestras aguas (emociones). Recordemos que, tanto el pensamiento como las aguas,
se corresponden con el número 2 que estamos tratando ahora.


TRES * TERCER MANDAMIENTO 

“NO TOMARÁS EL NOMBRE DE TU DIOS EN VANO.” 

La versión aramea de las Escrituras (Peshitta) traduce “EN VANO” como “EN FORMA FALSA”. Recordemos que la falsedad es la alteración o simulación de la verdad. 
Cuando usamos la palabra falseando la Verdad de la Vida 
(Dios nombró/creó a todo como Bueno, y ésta es la Verdad), entonces vivimos las consecuencias de nuestros dichos. Muchas veces, hablo en forma negativa, criticando, nombrando lo que veo como “malo”, carente, pobre.
El Nombre de Dios es EL BIEN SUPREMO y nuestra palabra debe 
estar alineada con esta Verdad para que regrese a nosotros como un ABUNDANTE JARDÍN DE BENDICIONES. Para ello, comencemos a expresarnos con conciencia de lo BUENO que hay en todo y en todos. ¡Viendo y diciendo lo BUENO de la VIDA seguiremos regando y oxigenando nuestro Jardín (3)!

To Heterosexual Moms & Dads - By Alex Quaranta

All moms and dads who want to manifest in favor of one or the other side of this civil debate do have a right to do it. However, it would be important if they could clarify their minds on the subject: the sexual orientation of their child, the child they love and to whom they devote their time and love as any parent would, biological or non-biological ... I mean, the sexual orientation of the child they love comes with no guarantee of social acceptance and inclusion, because a human being is not a home appliance that leaves the factory and conforms to standards of manufacture. Life is rich in diversity, in various forms of expression. That is true in Nature, and so it is in us as complex beings, unique and exciting in many ways. It is time to understand that our sexual orientation is not chosen. It is in us to be lived. It is inherent to being. We should stop talking in terms of a sexual choice. What we choose is to truly live who we are, with everything that happens to be the nature of a person, their biological dynamics within a psychological and social frame, non transferable. 
Our country’s Constitution guarantees that private actions (which do not affect third party rights) be a matter of conscience for each person. This freedom of expression includes the awareness and belief in God, an anthropomorphic god, an angel-like one , some ethereal or none. 
Religious institutions should not invade the private forum: the bedroom of the population would not be available to adult debates. Neither Adams nor Eves in the privacy of a mature people. 
We are talking about a civil matter, the rights of the inhabitants of a free and sovereign nation. The form of government adopted by Argentina is not a theocracy and should not be assimilated to it under any circumstances.
In the core of my heart -I may agree with you- I choose the government of God for my life. But, I choose-or rather He chooses me, yet I do not really know- the God of love, acceptance, the God of inner peace. The God of my mom and my dad, the God of kisses, hugs and tears, of the word expressed in time, of the warm breath in cold nights. And today, as it is almost freezing in my soul, I choose the God of Father Andrew, a Catholic, Apostolic, Roman and human priest, who on the day of my deep distress standing by my side, at the hospital , where my beloved boyfriend was staying, took his hand in mine, and gave the blessing of the Creator to our fifteen-year-and-twelve day- relationship... And that afternoon, there was for me the spirit of our union forever ... Because marriage or civil rights, as it is discussed today in Argentina, sadly, would not longer be a possibility for the two of us ... 
Alex Quaranta

De la Mano - Hand in Hand

Él nunca fue afecto a las demostraciones de cariño en público. De eso me di cuenta a los pocos meses de conocernos, cuando desplazándonos a pie por la avenida Santa Fe, en un descuido, mi mano buscó la suya. “¿Qué hacés?” –me dijo. Glup. “Bueno, después de todo no es nada del otro mundo”, creo haberle contestado, con un poco de enojo, de ese filoso, del que corta y atraviesa la garganta. 
A decir verdad, a mí tampoco me gustaban –ni me gustan- los “escándalos” callejeros, ni los moderados, ni los leves. Pero tengo que admitir que soy un poco más atrevido de lo que él era. A esa altura, supongo que la metrópolis me había dado cierta ansia de primavera y lo intenté. Pero no habría segundo intento en los siguientes quince años de convivencia.
No obstante, a pesar de todo esfuerzo por evitarlo, un día, inesperadamente, sucedió.
Ahora caminábamos por algún lugar próximo a casa, seguramente muy próximo. Estábamos tomados de la mano, eso era perceptible, lo recuerdo bien. 
-“Vamos a casa” –le dije, de repente.
-“No, vos tenés que volver a tu lugar” –me respondió con voz firme.
Al instante, nuestras manos se liberaron. Y él desapareció de mi vista.
Entonces, conmocionado, me desperté…
Sí… estaba en mi lugar… Pero el rastro tibio había quedado estampado en mi mano izquierda, como certeza y prueba del encuentro. Y algunas lágrimas limpiaron mis ojos que le daban la bienvenida a un nuevo día de invierno.

 

Hand in hand 
He was never fond of public displays of affection. I noticed that a few months after we met for the first time; when as we were walking down Santa Fe Avenue, in an unguarded moment, my hand reached his. "What are you doing?" ’He said. Oops. "Well, after all, it is no big deal", I answered, with a bit of anger, of that sharp, cutting feeling that crosses all through the throat. 
To tell the truth, I did not like –and I still don´t like- either small or moderate street ’scandals’ ; Nevertheless, I have to admit I am a bit more daring than he used to be. At that point, I suppose that the metropolis had given me some yearning for spring and I tried. But there would be no second attempt in the next fifteen years.
However, despite all efforts to avoid it, one day, unexpectedly, it happened. 
Now we were walking somewhere close to our place, probably very close. We were holding hands, I could feel it, I remember. 
- "Come home" I said, suddenly. 
- "No, you have to go back to your place," he replied in a firm voice. 
At the moment, our hands were released. And he disappeared from my sight. 
Shocked by the event I woke ... 
Yes ... I was in my place ... The tepid trail of our contact somehow got printed in my left hand, as a certainty of the meeting. And some tears cleared my eyes that were getting ready to welcome a new winter day.

La Pureza y la Paz del Corazón

LA PUREZA Y LA PAZ DEL CORAZÓN
Una reflexión a la luz del Lenguaje Simbólico de Números (LSN) 

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios” Mateo 5:8

En la codificación 5:8 encontramos la trama más profunda de la palabra expresada en este versículo: la disciplina (8) de la mente (5). Un corazón puro es una mente disciplinada, que comienza a ser consciente de las leyes (4) espirituales que operan para traer a manifestación (4) conforme a la cualidad de los pensamientos.
Recordemos que en arameo las palabras corazón y mente son una y la misma. También es menester destacar que el verso 8 del capítulo 5, en Lenguaje Simbólico de Números (LSN), es traducible a “la fluidez (8) de la comunicación (5)” o bien “el río (8) mediador (5)”. Un río que comunica ciudades, pueblos, es una bendición para ambas orillas. Un ser limpio de corazón es aquel que ve a Dios en su hermano, en su prójimo, es el que puede mediar (5), el que puede dejarse atravesar (río) por el otro para comunicar, para hacerse conocido. Y la diferencia rítmica de ambos números (8-5=3) nos advierte que el Río (8) Mediador (5) es el Cristo/Hijo (3), es la Palabra (3), el Logos (3), nuestro Cristo Morador (3).
La fusión simbólica del (5+8=13) nos trae la supra-idea del Uno: el trece es Aquél que unificaba a los doce (los apóstoles) y conforme a ello traía al Uno (13-12=1) a manifestación. Es quien comunicaba al Uno gracias a su conciencia prístina. “El Uno está aquí, más cerca que tus manos y que tu respiración”. Una mente limpia, una mente en disciplina, es una mente “discipular”. Vean la raíz de ambas palabras. El discípulo es aquel que va disciplinándose, disciplinando su mente. 
Al 1 y al 3 operando juntos en el 13, podemos comprenderlos como aquellos que rodean al 2, ya que ambos 1 y 3 son límites del número 2. En LSN decimos que el Padre (1) y el Hijo (3) son los límites de la Madre (2).
María es la del corazón limpio, en otras palabras, la de la Mente Pura, para que Gabriel, el mensajero (5), pueda traer la voluntad del Padre (1): la de que Su vientre cobije (2) a Su Hijo (3), y que Él sea la Vida (8). Sólo una mente y un corazón puro pueden tener como límites de su conciencia al Dios Padre y al Dios Hijo, y hacerse, entonces, partícipe mediadora (2) de Ambos.
En cuanto a “ver a Dios” recordermos que “ver” es una función de nuestro sentido de la vista, y los sentidos en LSN se encuentran simbolizados por el 5. La naturaleza de los sentidos es que Dios está en ellos, interpenetrándolos. Esto se observa en la reducción mística del número 5, así: 1+2+3+4+5 = 15. Es decir, ver (5) al Uno (1); sentir (5) al Uno (1); Oír (5) al Uno (1), etc. El Uno (1) participa de todos los sentidos (5), es decir, participa de nuestra humanidad (5). 


LOS PACIFICADORES
“Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” Mateo 5:9

En la codificación 5:9, y luego de la disciplina a la que nos referíamos anteriormente, sobreviene la necesidad de cerrar un ciclo (9) en la comunicación/mediación (5) por medio de la purificación (9). Purificar (9) la comunicación (5) es como filtrar un río, de tal suerte que la pureza ahora se traduzca en transparencia. La pureza en la profundidad (9), pero también la oscuridad (9) de lo profundo (9): de allí viene la fuerza, como el magma que brota de la tierra profunda. Todo lo que estaba por debajo necesita ahora expresarse para lograr la transparencia a la que aspira el Cristo. Aquello que no había sido traído a nuestra conciencia hasta ahora, pero que, no obstante, es parte conformante de nuestro todo, aunque actuando como sombra aún, debe ser explorado y sanado. El Pacificador es aquel que ha ido hasta lo más hondo (9) de su ser para traer un nuevo (9) mensaje (5), una nueva ruta o canal de comunicación (5). También aquello que subyace en la sombra necesita hacer las paces con nosotros.
La fusión simbólica del (5+9=14) es una extensión del sabbath hebreo (7), es decir 2 veces 7. Dos veces el descanso (7) de la Creación. También la escucha (2) de nuestra profundidad (7), la paciencia (2) –ciencia de la paz- con nuestra interioridad (7). Pacificar es extender el sabbath, el día sagrado, el día de la integridad a todos nuestros contactos (5). Al pacificarnos, nos entregamos desde lo sagrado que nos habita. Nuestros contactos son sagrados, nuestro aproximarnos al otro también lo es.
El grado 14 nos recuerda también la belleza (analogía venusina del número 14) que descubrimos al ordenarnos (4) en función de nuestra divinidad (1): Orden (4) Divino (1).
Un pacificador (7) es llamado (3) -expresado como- hijo (3) de Dios (1). La ecuación simbólica es correcta, ya que: 7=3+3+1.
Decíamos, entonces, que la fusión simbólica del 5 con el 9 (14) nos recuerda que el pacificador (7) lo es ciertamente cuando extiende su paz/sabbath (7), o sea, lo multiplica, comunicándolo así a su próximo (2x7=14).
En el mismo sentido, la diferencia rítmica del verso 9 y el capítulo 5 es simbólicamente: 9-5=4. Es decir el puente que une a ambos números es el 4: el orden. Ordenar/Ordenarnos (4) es también pacificar (7). Recordemos que en la suma mística ambos números (el 4 y el 7) nos remiten al Uno (1): (1+2+3+4=10 y 1+0=1) y (1+2+3+4+5+6+7=28 y 2+8=10 y 1+0=1). Al explorar nuestra profundidad podemos conocer nuestra prioridades. Al comprender nuestras prioridades nos pacificamos. Al poner a Dios primero, nos ordenamos. Y al orden le sigue la paz.

Nuestra Cruz

¿Sueños místicos? No, debo confesar que no, simbólicos, sí. Muchos. Pero místicos… Místicos son de otra sustancia, y no recuerdo haber participado de esa esencia. Ariel sí los tenía. Él solía contarme de sus sueños con María Inmaculada y con seres alados; también los veía, pero eso ya es para otro escrito. Si alguna vez pudiera recordar lo que mi amigo Ariel me contaba cuando éramos chicos… Él hablaba con sus plantas, pero mucho, mucho tiempo antes de que a alguna persona se le ocurriera hablar con sus tostadas. No, no. Lo de Ariel era “serio”, si vale el calificativo. Él tenía contacto con un mundo más allá de las formas. Probablemente, a medio camino de distancia entre el astral y el supra-astral. En esa ruta, en algún punto intermedio. Yo lo escuchaba con atención, aunque también con cierto escepticismo. Claro, mi mente objetiva lucharía por encarnar definitivamente en el planeta Tierra, y para eso, habría que hacer algunos esfuerzos. Estudiar las ciencias económicas, por ejemplo. De alguna manera u otra, habría que buscar recursos para relativizar mi entorno impregnado de seres inspirados. 
En fin. Decía que sueños místicos, no. A eso venía mi relato de hoy. Pero, como a veces ocurre, hay excepciones a nuestras reglas. Entonces, un día, Él entró en mis sueños. Sí. Él, con “e” mayúscula. Yo estaba observando un camino, delante de mí. Quizás el del Gólgota, quién sabe. Y, de repente, apareció portando Su cruz. Caminaba girando Su cabeza hacia mí. No sé si Simón, el de Cirene, Lo estaba ayudando a cargar el madero. No lo recuerdo. Pero a esta altura de los acontecimientos, creo que sí. Dejaré anotado, entonces, que el Cirineo Lo acompañaba. Me miró. Y, evidentemente, me sentí observado, atravesado hasta la médula por esos ojos que las lágrimas bañaban y sutilmente embellecían por el contacto con el agua y la sal. Y sin más remedio, casi sin desear hacerlo, un poco bruscamente quizás, rechacé de plano la escena, y Le dije: “Ése no sos Vos”. Así, frontalmente, sin más. “Ése no sos Vos”. Las cuatro palabras fueron lanzadas como quien apunta al norte, al sur, este y oeste a un mismo tiempo, e impacta en todas las direcciones, y ninguna… Y, dicho esto, siguió pasando el Cristo, todavía mirándome, buscándome con Sus ojos tristes, absorto por mi rechazo a Su identidad sufriente. Continuó indagando en mí con Su dolor humano. Pero ya se Lo había dicho. Listo. No era Él. No podía ser Él. Y entonces, en medio de mi negativa, como un relámpago de transformación, mis palabras fueron Sus palabras, mi voz fue Su voz, y mis oídos me dieron el veredicto, el que nunca habría querido escuchar, el de la Verdad que es una sentencia, clara y tajante a la vez: “Ese no soy Yo, Alex. Ese sos Vos”. Y, como el joven que, jugando a mirarse en un espejo fijamente, al tiempo descubre en el reflejo unas barbas blancas y unos ojos transidos por el tiempo, y se espanta por la imagen que le trae un futuro seguro… Así, con la resignación que da la vida que se va viviendo y nos va amasando con verdades y alguna pizca de Verdad, me dije y Le dije: Entonces, yo llevo mi cruz, Tu cruz. Y lo supe de una vez y para siempre. Y conocer la Verdad me hizo libre. Y, seguidamente, con cierta felicidad doméstica, la que nos trae decir las cosas tal cual son… Así, encorvándome un poco, como quien vuelve a la matriz de su madre, tomé esa sábana limpia y aún tibia –que, a esa altura, sólo cubría mis pies- y enfundé todo mi cuerpo; y, al hacerlo, el renovado calor de mi anatomía me confirmaría la promesa de un futuro poblado de esperanzas. 

Preludio de tres lustros: Acontecer de la purificación de un alma

Preludio de tres lustros: Acontecer de la purificación de un alma

(Por Alex Quaranta, dedicado a Claudio, a 9 meses de su partida).

 

En la Roma de los primeros tiempos, la Lustración era un rito de purificación que se celebraba cada cinco años.  Los ciudadanos debían participar de esta “ceremonia” so pena de perder sus derechos civiles.

 

Si me preguntan cómo se llamaba, les diré que no lo recuerdo.  Apenas tengo una semblanza de su sonrisa y me quedó grabado el sonido de su portugués –una segunda lengua muy bien adquirida-, que sólo podría habérselas visto en competencia con la de mi prima Silvia, una verdadera maestra en hilvanar las hebras de la lengua del Brasil. 

Estimo que lo único que lograba sostenerme en ese incipiente “vínculo” era el repiqueteo de sus palabras, tan dulcemente pronunciadas, y que él sabía tejer con soltura, buen gusto y siempre con artístico humor.  Lo voy a nombrar como Fabián, sólo para que el relato resulte menos tácito.  Pero no es su nombre, aclaro nuevamente.  Y sabrán ustedes que el pobre Fabián no será el personaje principal de esta historia.  No, no lo es.  Escribo para que mi alma se libere de este peso y para que su buena esencia Dios la guarde y siempre cuide.  Su esencia, la de él, la de Fabián.

Ahora, sí, puedo continuar. 

Mientras recorríamos el trayecto que unía cierto punto de la Ciudad de Buenos Aires con las inmediaciones del Teatro Colón, le pedí que me contara lo que quisiera, pero en portugués.  (Cuando quiero ser denso, de una densidad viscosa, lo logro sin mucho esfuerzo, eso estaba claro).  No obstante, a Fabián no parecía incomodarle mi pedido.  Es más, lo hacía con alegría, casi con devoción.  Lo que se podría llamar un alma buena, a disposición del prójimo.  Vuelvo a dejar a salvo su esencia.

Sin embargo, ese día, un Samael muy particular vendría a meterse en nuestro Paraíso, recién inaugurado, y que a decir verdad, era más aburrido que el de los proto-humanos Adán y Eva, según nos ha sido pintado en las páginas del Génesis desde que el tiempo es tiempo. 

Antes de proseguir, les diré que yo fui tentado; y que quede bien claro que algún divino motivo habrá tenido esta tentación.  Prefiero pensar que así fue.

Samael (el del veneno, tal su nombre en hebreo) sería también –sin saberlo- el antídoto eficaz para que el “preludio de los tres lustros” aconteciera en mi vida.  Aún no puedo explicarlo, pero se irá aclarando, poco a poco, en las próximas líneas.   Y si quieren saberlo, Samael no era su nombre, y en este caso, recuerdo bien cuál era, pero lo llamaré así para evitarme el disgusto de que alguien se crea aludido.

Aplausos, lindo concierto.  Primera parte.  Era lo esperado.  Lo que no se esperaba, en absoluto, es lo que ocurrió en el intervalo.  De golpe, como un rayo que parte el cielo sin emisión de sonido, Samael me fulmina. Unos intensos ojos azules atraviesan el Salón Dorado de par en par y se cuelan en mi mirada; logro atajar el impacto con una sonrisa, ciertamente muy maliciosa, porque el narcótico efluvio ya había penetrado mis pupilas con dirección a la corteza cerebral, en vuelo directo.  Bastaron décimas de una mínima y posible medición del tiempo para que todo el proceso químico tuviera lugar en mi naturaleza.

Ahora su cuerpo se movía hacia nosotros.

-“¿Cómo estás?” Estampó en el aire la pregunta –mirándome de frente e ignorando a Fabián-.  Lo ayudó en su empresa una voz muy clara, aunque con el típico seseo rioplatense levemente  remarcado.

-“Bien, ¿qué tal?” La respuesta brotó de mí casi inesperadamente.  De seguro, acompañada de una innecesaria profusión de saliva en mi garganta, producto de tamaña emoción.

- “¿Se conocen?” 

A esta última pregunta, la de Fabián, había que sortearla con la rapidez que todo estudiante universitario utilizó alguna vez en un examen oral.  O se usaba alguna estrategia veloz, o todo estaba perdido. 

Nos miramos.  Y casi al unísono dijimos “sí”.    Y, a fin de que Fabián no advirtiera la mentira que en segundos habíamos urdido, nos saludamos con un beso.  Primera parte, aprobada.

Segunda parte.  Aplausos, ahora de los tres.  Terminó el concierto.

-“¿Vamos a tomar algo?” 

-“Claro, un café nos vendría bien”.

Quién hizo la sugerencia de alguna dosis de cafeína para estabilizar las energías, no está en mi memoria. 

Ya en la taberna, las miradas iban y venían, se posaban, se abrían, se dirigían, se retenían.  Lo que no puedo aseverar es dónde caerían las miradas de Fabián; si en él, si en mí, si en los dos. 

Tan irresistiblemente atractiva me resultaba esta aparición que mi cuerpo comenzó a emitir otras señales de cambios intensos, irrefrenables.  Ya había cruzado la barrera de lo admisible para la ocasión; pero debo aclarar que me gustaba todo lo que ocurría, porque nunca había experimentado nada igual; y porque ya no estaba en mi adolescencia, esa etapa mía, tan vacua de toda excitación; después de todo, yo quería probar el sabor de la manzana.  Perdón, la manzana es muy griega, no se corresponde con el verdadero relato.  El sabor de la breva, del fruto de la higuera.  Ese es el fruto del pecado, del error, pero del error que lleva la carga de un mágico sentido de propósito, para que lo bueno, a su tiempo, se manifieste.  Y se manifestaría, aunque no con Samael; y eso lo sabría después de algunas, no tan mediatas, primaveras.

Continúo. 

Ahora viene algo que evitaré narrar al solo efecto de preservar la estética del relato –si es que tiene alguna, claro-.  Diré, simplemente, que Samael fue por más.  En rigor de verdad, se puede contar, y pasaría un acto de censura. La escena, incluso, podría ser proyectada en una pantalla con la leyenda de “apta para todo público” sin que el buen gusto sea puesto en riesgo.  No obstante, el despliegue de su atrevimiento –invisible a los ojos del público de la cafetería- sería el motivo que me llevaría a cambiar de rumbo, dejando a Fabián en busca de otros territorios, lejos ya del terreno de este pecador que ahora escribe.

Esa insolencia, tan necesaria a veces para romper con las arbitrarias leyes del statu quo, me hizo dar la vuelta al mundo en ochenta segundos, aventurando lo que vendría en el futuro inmediato.  Y no me equivoqué, por lo menos, en ese aspecto. 

Nos despedimos.  De Fabián, claro.  A esta altura, decir de quién me estaba despidiendo, es sólo una cuestión de formalidad.  Para dar muestra de algún respeto, de alguna altura moral, no muy elevada, pero aceptable de todas formas.  Sería la última vez que lo vería. 

Al otro, a Samael, lo estaría viendo durante las siguientes dos semanas.  Sin mensajes de texto, esto es obvio.  Estoy haciendo, prácticamente, el relato de una vida pasada.  Pero, a esa altura, el teléfono ya había sido inventado por mi homónimo Graham Bell, y el de casa, sonaba y volvía a sonar, alentando un deseo que impregnaba las voces, mientras éstas recorrían, a la velocidad del sonido, la corta distancia que nos separaba.

 

Pero nada que comience atado al deseo puede ser más que un hecho fugaz.  Y el encuentro con Samael no sería la excepción.  Doy gracias por ello.  La aventura recorrería sus senderos, la de dos amantes; y bastante bien recorridos; aunque, debo admitir, yo no era un viajero muy experimentado.  Había pocos recursos y muchas dudas.  Pero, de todas maneras, viajamos hacia el interior de cada uno, aunque en distintas naves.

Un día, diré, el decimocuarto día de la historia, lo irreparable aconteció.  La decadencia del deseo ya se había hecho presente para entonces, como un visible síntoma de disfunción.  Atrás quedaba la escena de las primeras horas, en la que este adelantado hasta osó  ofrecerme compromiso, comprar alianzas y ornamentar un altar.  Vaya adelantado, lo que se podría decir, un visionario.

Ese día, el de lo irreparable, expresé algo que llevaría la relación a pique.  Bien dicho.  Amén, amén, amén, como hubiera cerrado el tema mi mamá buena.  Y sí.  Lo que pronuncié fue del tamaño de un iceberg, sumergido en mis entrañas.  Y el bloque de hielo hizo que nuestras almas se hundieran cual Titanic predestinado al fracaso.  Las labores del ego nunca llevan a buen puerto a las barcas de sus capitanes, menos aún, cuando éstos creen ver un buen calado en lo superficial de las aguas de las pasiones oceánicas.

¿Qué fue lo que Samael no pudo resistir?  Escuchen.  Dije: “Yo creo en el valor de la palabra”.  Adiós.  No habría bote salvavidas para tanta impertinencia.  Nos hundimos.  No, no.  Se hundió la relación… Eso, lo que quiera que fuere, lo que era.  Él y yo no nos hundimos.   No sé si sabía lo que estaba diciendo.  Todavía no estoy seguro de saber –de saborear- el valor de la palabra.  Creo que no lo sé.  Quizás lo intuya, pero no lo sé.  Porque saber es más que conocer.

Dejo esa reflexión inacabada para continuar con el relato.

En las horas siguientes mi madre, la buena, sería un refugio seguro para encontrar serenidad de ánimo.  Ya vendrán tiempos mejores, me decía.  Pero algo había en mí que reforzaba mi autoestima.  Si había podido soltar a Samael, podría estar seguro de soltar a cualquier otro personaje, sin importar en qué historia pudiera colarse su presencia. 

Había recibido la dosis de un antídoto contra la frivolidad y la inmediatez.  Lo agradezco ahora. 

Y, entonces sí, en la siguiente media luna, a muy corto plazo de esa inyección de breve placer e inevitable decepción, nos encontramos.  Él y yo.  Para que naciera el amor de los tres lustros; el cariño del verdadero, el del aprendizaje, la comprensión, la profundidad, la compañía; el del pequeño bote que siempre te deja en la orilla de una playa serena, poblada de toda flora, fauna y vida.

Este otro y yo viajaríamos en la misma embarcación, pequeña, humilde, de buena madera, resistente a cualquier embate.  Y, a pesar de todo; a pesar del velo ilusorio que ahora se atreve a separar nuestros mares, la misma nave nos está llevando, al puerto que los vientos quieran conducir nuestras almas, que siguen abrazadas demorando la decisión de sujetarse al timón.  Porque, como en la canción, aún la nave del olvido no ha partido.

 

 

 

 

Amar y querer - Por Alex Quaranta

Amar y querer - Por Alex Quaranta

Amar y querer – Por Alex Quaranta

 

Habían pasado largas horas, de muchos meses, de algunos años… Y de pronto, en medio de un diálogo de palabras que se amontonan, le escucho decir: “Yo no sé si te amo, pero te quiero…”.  Lindo.  Y, cuando menos, real.   ¿Qué importancia podría tener la diferencia semántica? Además, en lo más profundo de mis entrañas, sabía que su querer era amor.  Aunque, a decir verdad, la primera acepción de querer no es amar sino desear.  Pero esto también estaba bien conmigo, porque después de todo el deseo viene de “de-sidium”, de las estrellas, y siendo así, el deseo tiene luz propia.  Mejor todavía.  El deseo se parece más al sol que a la luna.  Sin juicios de valores, claro está.  Quizás yo le era apetecible.  No sé.  Bueno, sí sé.  Apetito, de appetitus… impulso instintivo que lleva a satisfacer una necesidad.  Bien, no hay problemas.  ¿Qué problema puedo tener yo con la satisfacción de necesidades?  Después de todo, cuando estudié la palabra “economía” por primera vez me puse al corriente de que ésta es la ciencia que estudia cómo asignar recursos escasos a necesidades múltiples.   Entonces, estaba bien también.  Si soy objeto de su deseo, es un buen síntoma para el vínculo.  “¿Qué te gusta de mí?”  Nunca se lo pregunté; o, en todo caso, no lo recuerdo ahora.  No importaba.  “Tus ojos”.  Bueno, su respuesta es más objetiva que creativa.  Tampoco importaba.  ¿Y yo quiero a esta persona?  Eso sí importaba.  Persona… máscara.  No, no.  Reformulo: ¿Y yo quiero a este ser?  Sí, quiero.  Perdón. La imagen de un altar y un sacerdote a quien responder una fórmula ritual me sacan de contexto en este momento.  Me olvidaré del “sí, quiero” por un rato.  Ahora repaso español básico.  Amor, para los académicos de nuestra lengua madre, es “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.  No, no, no.  Será mejor que no nos amemos.  Partir de una insuficiencia personal… ¡Haberse visto semejante descaro en esta definición!  ¿Qué yo le sirva para completarse?  ¡Qué insensatez!  ¿Qué su persona me complete?  De ninguna manera.  Que me quiera, ni más ni menos.  Que me desee.  Pero que no me ame.  Me enfadé. 

Quizás tenga que admitir que me hubiera gustado escuchar, de su boca, que me amaba.  Porque tengo un posgrado en romanticismo decadente o porque leí muchas novelas en mi infancia.  Como quiera que fuere, no lo dijo. 

Pero fue en uno de esos días, en el que la magia de los ojos nos transportó a millones de años luz de nuestra galaxia… Fue un día en que su mirada se fundió con la mía y pude ver un océano en sus pupilas pequeñas… Ahí, en ese instante, abrí el diccionario del alma y atravesé su esencia con un “te amo”.  Y el eco más dulce que jamás haya oído me devolvió de sus labios pálidos un “yo también”.  Y, ahora sí, las definiciones quedarán para otra vida.  Amén.

Por el bien de los hijos de matrimonios de mamá y papá - Por Alex Quaranta

Que todos los papás y mamás que quieran manifestarse de uno u otro lado del debate civil, lo hagan de pleno derecho. No obstante, sería importante que aclaren su mente al respecto: la orientación sexual de su hijo o hija, del niño o niña que aman y a quien le dedican todo su tiempo y amor como cualquier padre lo haría, biológico o no biológico... decía que la orientación sexual de esa criatura a quien aman no viene con garantía de aceptación e inclusión social, porque un ser humano no es un electrodoméstico que sale de fábrica y que se ajusta a normas de elaboración. La vida es rica en diversidad, en formas variadas de expresión. Lo es en la naturaleza, y nosotros somos parte de esa vida desbordante de seres complejos, únicos y maravillosos. Es tiempo de comprender que la orientación sexual no se elige. Se vive. Es inherente al ser. Deberíamos dejar de hablar en términos de elección sexual. Lo que sí se ELIGE es vivir quien uno es, con todo lo que resulta ser constituyente de una persona, su dinámica biológica dentro de un marco psicológico y social, único e intransferible.
La Constitución de nuestro país garantiza que las acciones privadas de los hombres (que no afecten derechos de terceros) estén reservadas a la conciencia de cada quien. Esta libertad de expresión incluye la de conciencia y la de creer en Dios, un dios antropomórfico, uno angelado, alguno etéreo o ninguno.
Las instituciones religiosas no deberían invadir el fuero privado: la alcoba de la población no tendría que estar disponible para las disertaciones adultas. Ni Adanes ni Evas en la intimidad de un pueblo maduro.
Estamos hablando de una materia civil, derechos de los habitantes de una nación libre y soberana. La forma de gobierno adoptada por Argentina no es una teocracia y no debería asimilarse a ella bajo ningún aspecto.
En mi fuero íntimo -comparto con ustedes- sí elijo el gobierno de Dios para mi vida. Pero, Lo elijo –o me elige, aún no lo sé- al Dios del amor, de la aceptación, de la profunda paz. El Dios de mi mamá y el de mi papá, el del beso, del abrazo y de la lágrima. De la palabra expresada a tiempo y del aliento cálido en las noches de frío. Y hoy, que tengo mucho, mucho frío, elijo al Dios del padre Andrés… ese sacerdote católico, apostólico, romano y humano que en el día de mi más profunda angustia, al pie del lecho de hospital de mi compañero de ruta, unió su mano a la mía, y dio la bendición de su Creador a nuestro vínculo de quince años y doce días… Y esa tarde, fue para mí la de nuestra unión espiritual para siempre… Porque la civil o la matrimonial, ésta que hoy se discute en Argentina, tristemente, ya no sería para nosotros dos… 
Alejandro Quaranta

Bienvenido

Bienvenido

EN ESTE SITIO DESCUBRIRÁS UNA MANERA

DE CONECTARTE CONTIGO QUE, QUIZÁS, NUNCA ANTES HAYAS PROBADO.

DATE LA OPORTUNIDAD.

REDESCÚBRETE A TRAVÉS DEL SIMBOLISMO.